"Saltburn", de Esmerald Fennell

El costado negativo del cinismo se impone a patadas  en Saltburn de Esmerald Fennell.

Dos horas de un bello cine formal y refinado que cuenta una historia pasatista sin profundizar en nada interesante. Es pura pretensión en tanto historia. 

Es, quizás, un producto jerárquico de esta transmodernidad pornográfica que nada deja a la libre interpretación. Aún cuando el tratamiento formal de la obra muestra un alto nivel técnico y un gusto refinado, nace y muere en la forma que la sostiene. 

Barry Keoghan destaca con su trabajo que está a la altura de todos sus trabajos -economía de recursos e interioridad-.

Este trabajo merece ser visto siempre y cuando uno se aferre a la narrativa -al equivalente del discurso en la literatura-, la historia aporta una excusa. 


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